sábado, 4 de octubre de 2008

El Baucha. Luis Araneda, fundador de los Chileneros, cuequero mítico (1ª parte).


Se pasó la vida como el segundo del grupo pese a que fue el impulsor. Ahora es el único sobreviviente y cuando alguien le pregunta por Nano Núñez, su eterno compañero de canto, revienta a garabatos. Don Luis es bueno para la chuchada y las saca cuando recuerda cómo era el Santiago en que se crió, con viejos que se juntaban a cantar, tomar y agarrarse a cuchillazos en las casas de putas. ¿Cueca brava era eso? "Esa güeá no ha existido nunca", dice indignado en medio del renacimiento de "La Chilena".
El taxi llega puntual a las 9 de la noche y se estaciona frente al restaurant El Huaso Enrique, a dos cuadras de la Quinta Normal de Santiago. Es jueves y en un par de horas, como todas las semanas, el lugar va a hervir de gente joven bailando cueca. Un espectáculo impensado una década atrás, pero habitual tras el renacimiento de "la chilena" de los últimos años.
La puerta del taxi se abre y baja un viejito menudo, de terno gris, corbata celeste y pelo blanco, seguido por un hombre algunos años más joven, ciego, que para avanzar se apoya del hombro de un tercer hombre que carga en un estuche de género algo que debe ser un piano eléctrico.
El viejito de terno gris y pelo blanco es Luis Araneda, el Baucha, el último de Los Chileneros, el conjunto folklórico que grabara por primera vez en 1967 la cueca brava. Una hija huacha, bastarda, no reconocida del folklore hasta entonces dominado por la cuecas y las tonadas oficiales al meloso y engominado estilo de Los Quincheros.
Si Los Quincheros son la máxima expresión de una chilenidad oficial, de salón, memorizada como tarea en las escuelas durante Pinochet y acompañante fija del rodeo patronal, Los Chileneros son su antítesis. Son los representantes de una chilenidad profunda, marginal, que sobrevivió, cultivada por peones, obreros, matarifes y gente del pueblo en los puetos como Valparaíso, San Antonio o Coquimbo o en mataderos y mercados como La Vega o barrios pinganillas de Estación Central o Franklin, arrenglándoselas con lo que viniera como instrumento: un par de conchas de ostiones o choros en los puertos, unos tapabarros viejos o un par de platillos de té, en las ciudades, hacían las veces de percusión. Luis Araneda, el Baucha, el viejito del pelo blanco que llega puntual a las 9 de la noche al Huaso Enrique, es el último sobreviviente aunténtico de esa cueca.
En una curiosa jugada del destino, el Baucha se sienta en una mesa justo frente a un retrato del Nano Núñez, su eterno compañero junto al Perico y al Chico Mesías, en Los Chileneros. El Nano Núñez, muerto en 2005, gastó sus últimos años enseñando a cabros jóvenes la chilena, como una forma de evitar su desaparición. Ese traspaso se tradujo en la aparición de una serie de conjuntos jóvenes, como Los Santiaguinos, Los Trukeros y cuyo cultor más mediático es el actor Daniel Muñoz y su grupo 3x7 son veintiuna.
El Baucha, a diferencia del Nano Núñez, nunca quiso enseñar su arte, lo que le valió un eterno segundo plano tras el Nano, pese a que fue el Baucha quien gestó la grabación histórica de la cueca brava en el disco "Cueca centrina".
"Nooo, yo no le enseño a niún culíao, es pa quebrarse la cabeza, ¿quién me va a pagar? Tendría que ser en oro, porque me voy a volver loco si me toca un güeón duro de cabeza. A mí me han llamado güeones de plata pa que les enseñe cueca, de allá de Las Condes...ándate a la con-che-tu-maaaaaaadre, les he dicho. Que aprendan solos los culíaos", dice con tono enojado.
¿Cómo aprendió a cantar, don Luis?
-Partí cantando de niño, a los 5 años. Yo no tuve maestro. Escuchando a cantar aprendí, no con un maestro. Oyendo cantar, oyendo versos, lo que decían y me le quedaba en la mente.
El Baucha se crió en el antiguo barrio de la Estación Central de Santiago, hasta donde a mediados del siglo XX llegaban los trenes cargados con carne, frutas y verduras desde el sur, para luego ser repartidos en Santiago. Allí partió cantando arriba de las carretelas repletas de sandías.
"Mi papá tenía carretela y las fletaba para transportar la fruta a los almacenes. Los viejos le decían a mi papá que yo cantaba bonito, así que me subían arriba de un carretón y las ofrecía. "Sandías con canto, sandías con canto".
Oiga, don Luis, usted se crió en el barrio de Estación Central...
-Sí, en el barrio de Chuchunco, ése es un barrio bravo, muy bravo. Esos güeones eran más tomadores, se mataban peleando a tajos por las cuecas, peleaban y peleaban. Ese barrio quedaba desde Borja, donde está Romualdito, hasta Velásquez. Ése era el barrio Chuchunco pa abajo.
¿Y usted que hacía ahí, en el barrio Chuchunco...?
-¿¡Cómo que qué hacía!? Yo ahí vivía pues, qué iba a hacer ahí, si no iba a saludar.
La silla del Baucha da frente a frente al retrato del Nano Núñez, que mientras el Baucha se larga a hablar, parece mirarlo como vigilando cada respuesta. Dos vinos le abren la sonrisa y despiertan los ojos del viejo, que no repara en cepas, ensamblajes ni siutiquerías.
¿Su papá que hacía don Luis?
-¡Tenía carretooooón, no le dije!, yo trabajaba con él.
¿En qué consistía ese trabajo, qué hacía?
-Fletaba, ¿sabe lo que son los fletes? (indignado)...
¿Yo leí que usted cantó con un Sr. Santa María?
-Con el viejo Santa María, claro que canté con ese viejo cabrón. No, ese viejo era cochero, cuando no habían autos aquí, habían puros coches a pila. Trabajaba ahí en Ecuador con la Alameda, ahí se paraban los cochecitos de pila, que se llamaban. Usted iba para la Pila del Ganso, entonces pescaba un cochecito, 5 personas, o seis, tres atrás y tres adelante, cabían como siete. Entonces se daban la vuelta por la Alameda y después se venían por Ecuador para arriba.
A caballo...
-No, poh, a caballo, no iban a ir en carretilla los güeones. Sí, a caballo, en un coche, por algo se llamaban coche pila. Todavía esos existen en Valparaíso.
En ese barrio, por los años 40, había buenos cantores de cueca...
-Había mucha gente que cantaba muy bonito, el mismo viejo Santa María, con el que canté cuando niño, el Negro César, Carlos Godoy, el Mario Catalán...
El preso del puñal, yo leí por ahí...
-Noooooo, ¿quién le contó eso? Si ese güeón hubiera venido a cantar a aquí, yo le pego con la mesa. Ese güeón era batería de casa de putas. ¿Quién le dijo esa güeá?
Lo leí en un artículo de Mario Rojas...
-Mire, dígale a Mario Rojas que dijo el Bauchita que aprendiera del folklore, dígale que yo digo. ¡No poh, ta güeveando!-grita, indignado-si ese era BATERÍA, NO CANTOR. Igual que si el Buey fuera cantor. Por eso que le digo, hay güeones que no saben nada de folclore. ¡Mira al güeón que ponen de cantor!-remata, indignado.

Por Joaquín Riveros · Fotos: Alejandro Olivares
The Clinic
Jueves 11 de Septiembre de 2008 · Año 9 · Nº 259

No hay comentarios: