viernes, 18 de mayo de 2007

La vieja ola: Rafael "Rabanito" Berríos


Rafael Valentín Berríos Olmedo, más conocido como "Rabanito", nació en Sewell el 14 de octubre de 1926. Su padre antes de ser minero había trabajado en una fábrica de acordeones y le enseñó a su hijo no sólo a tocarlos, sino también a repararlos y afinarlos. "Rabanito" alcanzó a trabajar dos años en la mina antes de dedicarse por completo al acordeón, como intérprete y técnico en afinación.
La trayectoria musical de "Rabanito" es una de las más extensas y diversas de los músicos locales. Basta con nombrar algún músico del ambiente para encontrarse con "Rabanito" detrás. La lista de conjuntos y de grabaciones en las cuales ha dejado algo de su talento es larguísima. Entre muchos otros ha tocado con "Los Kings", "Silvia Infantas y los Cóndores", Segundo "Guatón" Zamora, Violeta Parra, "Las Morenitas", "Los Perlas" y "Los Chileneros". En forma más reciente ha integrado "Los Pulentos de la Cueca" y "Los Guatones de Oro de la Cueca". "Rabanito" además de prolífico es notablemente diverso, ya que a lo largo de su carrera se ha visto obligado a poner su acordeón al servicio de lo que le pidan.
El acordeonista fue una figura muy "nombrada" en la escena nocturna criolla de los cincuenta y sesenta. Actuó durante siete años en el Pollo Dorado y por otros siete en la "Posada Tarapacá", donde se presentaba frente a su propio quinteto.

Marcelo Somarriva Q.
Fotografía: J. F. Somalo
El Mercurio, Domingo 30 de Septiembre de 2001

viernes, 11 de mayo de 2007

Baucha: De lo urbano y lo divino


Bauchita, leyenda del folclor urbano

Baucha se llama Luis Araneda y no “Bautista”, como haría suponer su alias. No sabe cuándo lo comenzaron a llamar por ese nombre, pero indudablemente se siente cómodo y plenamente identificado con él, desde que tiene uso de razón.
Cuando don Luis era un niño de 5 años, su padre, dueño de una flota de carretones de carga, diariamente alineaba sus vehículos a lo largo de un sólido muro de ladrillos, que separaba la calle de la vía férrea, al costado poniente de la Estación Central.
Junto a sus dos hermanos mayores, Baucha hacía un trío de voces, muy celebrado por los transeúntes y comerciantes del sector. El menor de los Araneda derrochaba talento, sorprendía a los grandes con su personalidad y prometía ser algo más que el niño cantor de la calle Borja.
¡Sandías con canto! ¡Sandías con canto! gritaban los chacareros. Bauchita, encaramado en los carretones, entonaba melodías entre un cerro de frutas recién llegadas del campo. Las cuecas eran el alma del barrio y Baucha las cantaba con virtuosismo, tañando con sus pequeñas manos sobre cualquier superficie de madera o lata.
Aunque la calle y la Estación han cambiado significativamente en estos casi ochenta años que demarcan la vida de nuestro cantor, parte del muro frente al cual los Araneda instalaban sus carretones, aún se mantiene en pie. Son unos 30 ó 50 metros, atiborrados de placas de bronce y mármol, mensajes de gratitud, muchas flores marchitas, santos de yeso, fotografías y láminas religiosas. Todo cubierto por el hollín negrusco de las velas, que se derraman como un tapiz de cera sobre la vereda bendita y milagrera.
El muro guarda la memoria de Romualdito, animita de alguien que al perder su vida terrenal, se quedó para siempre entre el ladrillo y el cemento, en el aire, de ese tramo urbano, para apoyar a los desvalidos y curar a los enfermos. Aunque pocos saben quién fue, cuándo y cómo falleció, no hay nadie, ni el alcalde más osado, ni un urbanista modernizador, ni menos algún obrero de demolición, que se atrevería a tumbar el muro sagrado. Hoy, rodeado por un amenazante mega mercado y el ruido ensordecedor de motores en marcha, el muro se eleva como vestigio de la ciudad que Baucha nos relata. Una ciudad que ya no existe, de calles empedradas, vehículos tirados por caballos, de cantinas repletas de rotos atrevidos, cuchillo al cinto y una ramita de albahaca en la oreja, hombres bravos y pendencieros que se jugaban la vida en cada vuelta, al ritmo de la cueca tamboreada y estridente.
Los niños Araneda observaban por las ventanas de los bares o las casas de remolienda, escuchaban a los hombres agrupados en las esquinas, e intuían que en este ritmo y ese canto había un legado y un destino. Bauchita, soñaba con ser cantor de los grandes, y junto con memorizar versos y practicar la improvisación de melodías, retenía los nombres legendarios que servían de referente a un cantor principiante: el Negro César, el Cojo Paliza, Carlitos Godoy, el Chute Mandiola, Pedro el Guapo, el Preso del Puñal...
El niño no sabía que algún día sería el más grande entre los grandes, una leyenda viviente que representaría aquel mundo distante y romántico del que sólo quedarían un muro ennegrecido, su presencia intachable y esa voz que no envejece.
Es en esta calle San Borja, sobre estas mismas cuadras, donde nace, transita y aprende el drama de la vida Esmeraldo, personaje principal de Joaquín Edwards Bello en su clásico de la literatura: El roto. Un antecedente para reforzar el intento de reconstruir mentalmente los paisajes y personajes que modelaron la infancia de Bauchita.

El viejo Santa María

El señor Santa María, cuyo primer nombre Baucha no recuerda, pero sí que todos lo apodaban el viejo Santa María, era dueño de “coches pila” –especie de taxis colectivos tirados por caballos- y un buen amigo de Araneda padre. Era cantor y amante de la cueca este hombre de pañuelo de seda al cuello, sombrero alón, traje y modales elegantes, según lo recuerda Baucha.
Junto con enseñarle más de algún secreto en el oficio, el viejo Santa María advirtió el talento innato en el niño y lo incorporó a sus correrías desde los doce años, con el consentimiento de su padre.
-Vengo a buscar a Bauchita para que me acompañe a cantar a una fiesta.
-Claro, amigo Santa María, yo sé que el niño con usted está en buenas manos.
Así fue creciendo este cantor de barrios, el tañador experto, el cuequero que sabe elevar el pito (la voz) como nadie, que conoce un repertorio inagotable de versos antiguos, que también canta boleros, tangos y tonadas, el Baucha, ídolo y figura, fundador de Los Chileneros, junto al Nano, el Perico y el Mesías.
En rigor, fue el viejo Santa María quien los incentivó a él y a un joven Nano Núñez –aunque mayor que Baucha- a formar un grupo de cuecas “arrotadas”, chileneras o bravas y que tal vez fue el primero que existió en este estilo. Vestidos de jornaleros, con ojotas y un saco de harina colgado al hombro, obtuvieron una importante distinción que otorgaba la Municipalidad de Santiago a la originalidad en el rescate de las tradiciones, para unas fiestas de la primavera, a finales de la década del cuarenta. La ceremonia de entrega fue en el Palacio Cousiño pero, según recuerda Baucha, a pesar de haber sido muy elogiados por el alcalde y autoridades presentes, el premio, consistente en una suma importante de dinero, nunca se materializó.

Los Chileneros

El encuentro con Núñez es historia aparte. Se conocieron en una rueda de cantores en el Parque O'Higgins. Dice el propio Núñez que en ese primer acercamiento, Baucha le reprochó, su poca habilidad para el canto. Sin embargo se hicieron amigos y el destino quiso que no se separaran más. Recorrieron los arrabales de una ciudad menos extensa que la actual: la de la primera mitad del siglo pasado. Por Estación Central, el Mercado y la Vega, el Baucha con el Nano cantaron con relativo éxito en muchísimas casas de remolienda, conventillos, fondas, fiestas familiares, picadas, interpretando la cueca de bajos fondos, la “cueca brava”, como la describe Núñez, la que aprendieron en el barrio Estación, sector en el que ambos nacieron y se hicieron adultos.
Siguiendo una antigua tradición se unieron a muchas “ruedas de cantores”, las que se forman en torno al piano o la guitarra, donde cada cual demuestra las virtudes de su voz, su capacidad de improvisar, el sentido rítmico en el pandero y los platillitos, la memoria para los versos. No siempre estaban juntos, porque, después de todo, el cuequero tradicional no forma grupos. El cuequero se allega libremente donde hay cueca y se integra al círculo de cantores para lucir su talento, para vivir su pasión por el canto a voz en cuello, siempre al borde de su propio registro, como si fuera un alarido. Los buenos cantores elevan “el pito” con naturalidad y volumen. La voz resuena en el aire como un lamento o un pregón. Ese es el timbre apropiado para las buenas cuecas, técnica que Baucha aprendió, observando a los antiguos maestros y que domina como muy pocos cantores actuales.
Cuenta que a principios de los sesenta, se encontraba cantando en la quinta de recreo Rosedal, cuando coincidió con un grupo de investigadores del folclor reunidos para apoyar una campaña política del doctor Salvador Allende. Notó que lo observaban cantar, hasta que se le acercaron Margot Loyola y Héctor Pavez y lo invitaron a su mesa. Ahí conoció al productor de la casa disquera Odeón, el argentino Rubén Nouzeilles.
Fue el primer acercamiento con la posibilidad de llevar al disco esta música de arrabales, esta cueca brava, hasta entonces discriminada y desconocida para el ciudadano común.
Aparentemente, esta invitación no fue del todo espontánea, puesto que los investigadores habían escuchado los relatos y recibido la advertencia de lo urgente que era rescatar este legado en extinción, de parte de un dirigente sindical del Matadero, don Fernando González Marabolí.
El folclorista Pavez y el productor de Odeón reunieron a Raúl Lizama (el Perico) y Eduardo Mesías (el Mesías) con el Nano y el Baucha en ese primer disco que se llamó “La cueca centrina”, y que salió al mercado en 1967. Así nació el inmortal grupo Los Chileneros, que dejó una gran huella en la historia de la cueca chilena y del cual Baucha es una pieza fundamental.
Más tarde grabó otro long play junto a Nano Núñez y Carlos Espinoza (el Pollito), que se llamó “La Cueca Brava” con Los Chileneros. A este disco le siguió el denominado “Buenas Cuecas Centrinas” con Los Centrinos , grupo del que formaban parte el Perico y Luis Téllez, además de Baucha. Ya en la década del ochenta grabó con el Perico un clásico de la cueca urbana, sólo en formato de casete: “Cuecas Bravas por El Perico Chilenero y el Baucha”.
Los Chileneros en Vivo, a finales de los noventa, fue una producción en CD en la que por fin se reunía la formación original de Los Chileneros: Baucha, Nano, Perico, con la ausencia de Mesías que había fallecido hacía una década. Habían pasado más de treinta años desde de la primera grabación juntos.

Baucha, roto matarife

“Fue por el canto, dice Baucha, que me convertí en matarife”.
Fue en una fiesta donde estaban los mandamases del Matadero, quienes, luego de escucharlo cantar, le ofrecieron la posibilidad de tener un trabajo fijo, lo que le cambió la vida. Trabajó treinta años en el Matadero, con lo cual forjó su segunda identidad: el matarife Luis Araneda.
Baucha entiende que este canto es herencia del roto chileno, y lo afirma con indisimulado orgullo. Esa es, sin duda, la ascendencia social de los grandes cuequeros.
El origen del roto pudiera entenderse en el campesino que, abandonando el fundo, salió a los caminos en busca del “salario”, símbolo del modo productivo que traía consigo la Independencia. Ese tránsito entre la condición feudal de siervo de la tierra a hombre libre en busca de trabajo remunerado es, tal vez, el origen de la leyenda del roto chileno. Es, por lo tanto, el más audaz entre los huasos, el hombre que está dispuesto a romper con lo establecido para salir a desempeñar todo tipo de labores por ganarse el pan. Y trabajos hizo muchos, en la construcción de puentes y caminos, en la explotación de las minas, en los mercados, los mataderos, en miles de nuevos oficios que trajo el nacimiento y la consolidación de la República. Así es como el roto también se transformó en carne de cañón en la guerra o en carga social, en asaltante de caminos, en bandolero desalmado. Hay cuecas que le cantan a cada uno de los oficios y hazañas del roto chileno y Baucha sabe muchas. Y si no, las compone.
Nadie mejor que él representa este espíritu de una chilenidad poco documentada por la historia, pero que con valentía y orgullo se mantiene muy viva en círculos de “gente habilosa”, como describe nuestro cantor dicho ambiente. En la voz de Baucha hay más que cuecas. Está el universo del cancionero criollo latinoamericano, como siempre estuvo, en cada bar, en cada fiesta familiar a lo largo de una vida. Siempre con una gran marca de identidad nacional.
Por más que entone versos que hagan referencia al paisaje rural -como en la tonada Tierra Chilena, de Segundo Zamora- un bolero tropical o una habanera, siempre es reconocible el niño del barrio Estación Central. En los armónicos de su voz vibra el grito pregonero, del vendedor ambulante, del matarife, del cantor urbano que ha interpretado cuecas por sobre todas las cosas. Con esa identidad arraigada en lo más profundo de su ser, don Luis Araneda, alias Baucha, nos ofrece lo mejor de su repertorio en este trabajo, que destaca más por el trazo espontáneo y pleno de fuerza expresiva que por la perfección lineal y figurativa de la música popular contemporánea.
En el canto de las cuecas contó con la colaboración de un gran talento joven, que confiesa haber aprendido mucho escuchando sus discos desde niño. Es Luis Castro, miembro del grupo Los Chinganeros y sobrino de todo un maestro, que ha sabido darle un sentido metafísico a la cueca chilena: don Fernando González Marabolí, colaborador del académico Samuel Claro Valdés en la escritura de la obra “Chilena o cueca tradicional”, ediciones Universidad Católica, 1994. Un antecedente que vale la pena consignar. Y, tal vez, no sea malo hojear, para poner en contexto la obra de don Luis Araneda.
En el piano y la guitarra participaron, expresamente a solicitud de Baucha, sus amigos Aladino Reyes y Enrique Castillo respectivamente, músicos de bares y restaurantes en el barrio Estación Central, con quienes el maestro ha manifestado sentirse cómodo por el mutuo conocimiento del repertorio y el modo particular de interpretación.
La participación de otros músicos de apoyo, más abajo mencionados, es responsabilidad del productor musical.

UNA LEYENDA
“Baucha: de lo urbano y lo divino”

Un niño imaginario cruza el umbral de un conventillo inexistente y remoto, hacia la luz. Camina por calles empedradas de una ciudad que pronto perderá la memoria. Nos busca con su voz-pregón para regalarnos generosamente un verso que la historia oficial desconoce. Nos toca el alma y la bendice. Nos cobija en su rincón de siempre antes que se derrumbe el último muro que nos conecta con una patria y un Dios sobrevivientes.
Estamos en la esquina de Borja con Alameda de las Delicias. Un cantor de ruedas humanas mira el lente con la misma naturalidad y firmeza que su voz tocó nuestros sentidos. Nadie respire, la leyenda ha comenzado su viaje en busca de su propia vida.
Baucha cantará para siempre en nuestros corazones.
Gracias maestro.

Mario Rojas

Nota: Este texto está incluido en el disco: "De lo urbano y lo divino" de Baucha, grabado el año 2005 para el sello Chile profundo.

viernes, 20 de abril de 2007

La vieja ola: Rafael Traslaviña


Rafael Traslaviña tiene 80 años, de los cuales sesenta los ha pasado detrás del piano. De formación autodidacta -"orejero" como él dice- , su trayectoria es la característica de un músico de matriz jazzística que por razones profesionales y de formación ha tenido que derivar a toda clase de estilos: del swing a la cueca, de ahí al tango, los bailables y la música de boite; para volver a recorrer todo el camino de vuelta al jazz.
Traslaviña fue un miembro activo de las primeras generaciones del jazz chileno. Participó en las legendarias grabaciones de los "Ases Chilenos del Jazz", que se efectuaron entre 1945 y 1946 y fue un personaje habitual del club de jazz germinal que funcionaba informalmente en el Tabariz y en el cual brillaban entonces Luis Aránguiz, Ángel Valdés -"el Jack Teagarden chileno, que más encima era paco"- Mario Escobar e Iván Cazabón. De sus años dedicados al jazz le queda el recuerdo y cierta impronta en su manera de tocar. Una vez que abandonó el jazz derivó a estilos más bailables animando fiestas. Se ha convertido, como él mismo ha señalado, en el mejor pianista de cuecas y ha desarrollado un estilo singular de música de boite que registró en el álbum "Disco Boite", para el que también tocó Panchito Cabrera.

Marcelo Somarriva Q.
Fotografía: J. F. Somalo
El Mercurio, Domingo 30 de Septiembre de 2001

lunes, 2 de abril de 2007

Buenas Cuecas Centrinas, Los Centrinos. 1971

Historiología de la Cueca Centrina

La naturaleza de nuestra cueca se remonta a las viejas tradiciones culturales del Medio Oriente; y es la cueca centrina el canto gritado por los hombres, recordando los sagrados ritos de las sinagogas del Yemen y en la antigua Babilonia.
La cueca en sí es Centrina, por cuanto aventureros andaluces impregnados con la cultura árabe durante la invasión a España, se establecieron en las zonas del Aconcagua, Valparaíso y Santiago.
Su estilo melismático de canto “es como el grito que culebrea las ondas formadas por el viento en los caldeados arenales del Sahara". De allí que el canto liso y de tono bajo no corresponda a la verdadera del canto con melisma, y representa al proceso de deformación de la cueca, cuando ésta fue difundida por Chile entero.
El llevar el compás con las manos, el grito melismático, el arpa grande, el pandero, el apoyar la mano en un costado de la cara al cantar, lo trajeron a Chile los andaluces, pero todo ello corresponde a la herencia mora, puesto que se encuentra hasta en las viejas escrituras egipcias. Y como el cantar del beduino que habita en el desierto, andaba en boca del pueblo andaluz la copla, la seguidilla; por ende, el canto de la cueca brilla con el oro y la pompa oriental de la antigua Arabia.
La filosofía del canto popular pertenece al Pueblo, mestizo e indígena, cuya herencia la recibieron de los andaluces en aquellos 300 años oscuros de brutal coloniaje.
América se descubrió con naves y tripulantes andaluces. España realizó la conquista y el mestizaje a través de Andalucía. De allí que todo nuestro folklore tanto infantil como adulto, se hallen influenciados por el costubrismo Sevillano, donde además se encontraba la famosa casa de contratación que se denominaba “la Puerta de Las Indias”.
Así como España nos legó sus cantos y bailes, y el ejército de los Andes aportó el patrimonio cuyano, nuestra danza nacional fue exportada por los soldados de la escuadra libertadora al bloque Limeño, con el nombre de “chilena”.
Allí fue considerada “indecente” y le pusieron “la mona mala”, donde maquillada y siutizada recorrió los salones de América con el sintético nombre de “zamacueca”.
Nuestra cueca deformada y siutizada se cantaba en tonos bajos y lisos...

“zambita cueca peruana
quién te pudiera bailar
como te bailan las cholas
y en las alturas del mar”

La palabra vigente de Chilena o cueca “Centrina”, la fuerza salvaje con que se grita el canto, le han puesto el cuño que señala su lugar de origen. “Es tradición vernácula, tipismo nacional, tricolor del suelo patrio”.
En el Perú, su nombre de Chilena fue cambiado por el de Marinera, en honor a la marina peruana que peleaba en la guerra del Pacífico.

El Arte del Canto de la Cueca Centrina

Desde que el hombre canta, su melodía vocal pertenece a dos estilos diferentes de canto: El Silábico y el Melismático: El estilo de la cueca es el melismático; es decir, se repite la vocal para que con su ondulación el canto gritado constituya trinos y gorgoreos de melisma.
La melisma representa al sentimiento popular recóndito. Se aprecia en el “cante jondo”, donde su autor señala: “no es cántico ni canto, ES CANTE”
Del canto mismo. La cueca se canta en su forma más plena entre 4 personas. Al terminar cada estrofa que corresponde a un pie de la cueca, larga la voz arriba un nuevo cantor, el cual llevará el alto, puesto que en cada uno de los 4 pies de la cueca es una voz distinta la que predomina sobre el resto. De allí que, en todos aquellos arranques de cueca donde predomina una sola voz, y esta sea en tonos bajos y sin melismas, no se representará la esencia misma del patrimonio nacional.
Al canto que va arriba, “lo vigilan, cuidan y afirman”, una o dos segundas voces mientras una cuarta voz anima. A raíz de esto se dice que en la cueca “no hay primera sin segunda”, decir que por lo demás, la falta de conocimiento se ha tergiversado profundamente. Para producir una concordancia armónica, las segundas voces deben entrar con cierto retraso.
Respecto a las melodías, éstas son siempre más largas que los versos, por ende, se rellena con repeticiones de sílabas en el primer pie, y muletillas largas o cortas en toda la cueca. Todo ello, es influencia total de Andalucía. Es menester que la “avivada” en la cueca se adorne con floreos y piques auténticos, no con payasadas legadas por los circos que rondaron nuestros campos...

“Nitrito Nitrato
Sulfito Sulfato”

“Aserrucha Casimiro”..., corresponden a animaciones propias de los tonys, que se confunden erróneamente con los verdaderos adornos de nuestro baile y canto, el cual de no cantarse en tonos altos y melismáticos, sería cualquier cosa, menos cueca.
“Pegar el grito” es la corriente sanguínea, patrimonio folklórico legado del príncipe oriental; es el gorgoreo melodioso y fuerte de la garganta popular que atraviesa las calles santiaguinas, los cerros porteños, que atraviesa el PUEBLO.
La cueca en su canto y baile es un desafío. En el baile la pareja saca chispas del suelo; en el canto, es la lucha fiera, varonil y brava, por ver quién lo hace mejor.
Esto es, ha sido y será siempre la tradición de la Cueca Centrina, patrimonio nacional, capital de nuestro pueblo.

CONJUNTO LOS CENTRINOS

“Todo pueblo que pierde su tradición pierde también su nacionalidad”. De allí, un grito melismático de alerta para todos aquellos seudo-folkloristas, y a promover las raíces verdaderas de nuestra danza.“Exportemos cultura, que no nos inculquen modelos foráneos o neoestilos internos que socaven nuestro patrimonio”.
Esta introducción patenta al conjunto Los Centrinos, formado por personas de condición social heterogénea, pero que a través del folklore y la amistad soslayan diferencias y logran la excelsa integración.
El conjunto Los Centrinos está formado por las siguientes personas (en esta grabación intervinieron los 3 primeros cantores):
Raúl Lizama Músico por excelencia. Toca toda clase de instrumento. Une a ello una precisa voz con profundo sentimiento humilde.
Luis Araneda O. Trabajador del Matadero Municipal de Santiago, de origen humilde es tal vez la voz más sentimental más bella. Ejecuta con pasmosa pericia el pandero. Domina cientos de melodías y letras.
Luis Téllez Viera Industial marroquinero. Es un panderista de fuste. Posee una excelente voz. A ello une un amplio repertorio de letras y melodías.
Luiz Téllez Mellado Benjamín del grupo. Profesional universitario que además investiga las raíces de nuestro canto y baile. Domina un centenar de bellas melodías de cuecas centrinas.
Este conjunto, reúne a 2 ex integrantes de “Los Chileneros”. Ellos son, Raúl Lizama y Luis Araneda, cuyas sapiencias centrinas se completan con el extraordinario aporte de Luis Téllez padre, y la inquietud artística e investigadora de Luis Téllez hijo. Este último exponente, conoció al conjunto de Los Chileneros, cuando estos actuaban en la peña del Dúo Rey Silva, que funcionó por algún tiempo en Macul. Allí, interpretando cuecas y tonadas centrinas llegó a consolidar una sincera amistad con Lizama y Araneda.
Esta consolidación se concretó con el tiempo en un pilar fundamental para el progreso histórico e interpretativo de nuestra danza nacional. Por ello, hoy en día, Los Centrinos representan la expresión más amplia y genuina del canto patrio, el cual constituye nuestro patrimonio nacional.
Los Centrinos, desean manifestar públicamente sus sinceros agradecimientos al destacado investigador nacional Fernando González M. Este estudioso de la cueca, que también trabaja en el Matadero Municipal de Santiago, ha prestado una extraordinaria colaboración, sin cuyo aporte no se tendría el conocimiento auténtico de las raíces de la cueca centrina o Chilena.

Luis Téllez Mellado.

Nota: Este texto es la contraportada del long play: El Folklore Urbano Vol. VI, “Buenas Cuecas Centrinas”, del conjunto Los Centrinos, grabado el año 1971 para el sello Emi Odeón.

miércoles, 28 de marzo de 2007

La vieja ola: Eugenio Moglia


Eugenio Moglia, conocido como "el flaco Moglia", nació en 1935 en el barrio de Vivaceta. De sus padres heredó el gusto por la música y se recuerda tocando la guitarra desde muy niño. Sus primeras experiencias musicales fueron junto al conjunto "Fiesta Chilena", con quienes hizo sus primeras giras veraniegas a lo largo de Chile con el auspicio de la radio Corporación.
En los años sesenta integró junto a Alejandro González el grupo "Silvia Infantas y los Cóndores", con quienes hizo una gira de casi un año por las capitales más importantes de Europa. Entre sus recuerdos personales muestra fotos suyas y de su grupo paseando vestido de huaso por las principales capitales de Europa. En una aparece junto a Boris Karloff.
En los años setenta Eugenio Moglia integró junto a Patricio Liberona y Armando Zúñiga el grupo "Los Moros", en el cual también intervenía Jorge Yañez. Años más tarde formó en compañía de otros músicos el conjunto instrumental "Jacarandá".
Eugenio Moglia fue una figura importante de los años de mayor actividad folclórica en la capital. Cuenta que era necesario ser joven para aguantar tantos compromisos en los locales, radios y estudios de grabación. Moglia integró las orquestas del "Pollo Dorado" y la "Posada Tarapacá". Sin embargo, insiste en no quedarse con las añoranzas del pasado y prefiere dedicarse a promocionar su conjunto de guitarras "El Cuarteto Chile", que integra junto a Alejandro González, José Silva y su hijo Giordano Moglia, el único que ha heredado las dotes del padre.

Marcelo Somarriva Q.
Fotografía: J. F. Somalo
El Mercurio, Domingo 30 de Septiembre de 2001

martes, 20 de marzo de 2007

"La Cueca Centrina" de Los Chileneros. 1967


Amar al pueblo, amar al folklore y contemplarlo con mirada de poeta, es condición indispensable para todos los que trabajan en el arte del pueblo. Basándonos en este pensamiento de la coreógrafa del Conjunto de Danzas de la Unión Soviética Berioska, Naduzhda Nadezhdina, diremos que no tenemos autoridad para quitar o transformar lo único que tiene el pueblo: su música y su danza, que para nosotros tiene un arte y una belleza incomparable. Sólo el pueblo es el llamado a hacer las transformaciones, y el artista no es nada más que un intérprete de sus expresiones.
La presente grabación, la primera que se hace en su género, es un fiel reflejo de lo que decimos; a través de 18 cuecas, vamos a adentrarnos en el alma misma del pueblo, con toda su fuerza creadora.
Esta es la cueca “chilenera o centrina”, es el canto y la música del pueblo, que en Santiago y Valparaíso, enfrenta toda la avalancha de nuevos ritmos nacionales y extranjeros. Con ella el roto centrino de cuello duro, mantiene vivo el sentimiento de la chilenidad.
El origen de la cueca centrina es la transformación de la antigua zamacueca, que hicieron célebre las tres hermanas Pinilla, que llegaron, después de causar sensación en sus fondas de Petorca, a buscar escenarios más grandes a Santiago, en el año 1831, y un sitial más alto como el Parral de los Baños de Gómez de la Calle Duarte. Dice José Zapiola: Las Petorquinas realizaron en el arte una revolución más trascendental que la que ocasionaron en Italia los sabios emigrados de Constantinopla.
Su forma poética, sacada de la poesía popular española, tiene una medida fija, formada por una copla o cuarteta, que son 4 versos de 8 sílabas, luego un segundo pie, que es otra copla separada de la anterior por la pérdida de los versos, que son de 7 y 5 sílabas alternadas, el tercer pie es una cuarteta encabezada por el último verso de la segunda estrofa, con la misma medida; en estas tres cuartetas riman los versos pares, o sea, el segundo con el cuarto verso; para terminar, el cuarto pie o remate de la cueca, son dos versos de 7 y 5 sílabas que riman.
Los ripios y muletillas largas o cortas que se intercalan, pertenecen a la melodía, por lo tanto no alteran su forma poética de 14 versos. La animación que se hace dentro del canto se denominan piques y floreos, o “avivar la cueca”; casi siempre tiene un carácter eufónico, o sea, sonidos rítmicos tales como: tiqui tiqui tí, cala cala cá.
En la cueca intervienen 3 o 4 cantores. Cada cantor debe hacer primera y segunda voz. Para que la cueca no suene pareja por lo corto de la melodía que se repite 4 veces y media, se pone un cantor para cada pie. En el ambiente chilenero* o en las canchas * de la Vega, la Estación, el Matadero, el cantor entra en una fiera lucha de perfección, por quién hace mejor las cosas, quién sabe mayor cantidad de versos y más melodías, quién “saca” más entonado y alto, intenso y rítmico. Todos quieren sobresalir en los lotes* ninguno quiere ser menos que otro, y esta competencia los lleva a un mayor perfeccionamiento. Éste modo de “sacar”, melodioso e intenso, no tiene nada que ver con las lecciones y el estudio de los especialistas; la voz más completa que tenga todas las condiciones, no se compara a la tradición, que está fuera de todas las catalogaciones musicales, y el aprendizaje de la voz cultivada.
La cueca se canta gritada, como quien se para en el medio de la calle y grita para que escuchen todos: “Pego el grito en cualquier parte”, pero es un grito con melodía, un grito lleno de modulaciones. El cantor que a su turno lleva el alto o primera voz, trata de sacarle el mayor brillo posible, al pie que le tocó cantar, reflejando en la voz y el rostro toda la gracia, la malicia y la picardía de nuestro pueblo, que ve y vive el sentimiento del alma que está cantando.
Los instrumentos: Para el acompañamiento musical y rítmico de la cueca, se utiliza piano, acordeón, guitarra, batería y los 4 cantores con panderos. Todos los músicos son experimentados intérpretes chileneros, de lo contrario no pueden llevar el ritmo. En las canchas o picadas, donde reina la cueca, es suplida la falta de instrumentos, por un tarro parafinero, o una silla de madera terciada, 2 cucharas, dos platillos chicos de café y palmas.Los intérpretes de la presente grabación, son salidos del corazón del canto chilenero; son ellos.
Raúl Lizama. (El Perico) 34 años, toca piano, guitarra, acordeón, batería, pandero. Está considerado como uno de los más grandes cantores chileneros. Siendo hijo de cantores, empezó su arte desde temprana edad.
Luis Araneda. (El Baucha) Criado por la Estación Central, desde niño atraía la atención cuando tamboreando en los tapabarros de los camiones en que trabajaba, cantaba animadas cuecas. Es uno de los cantores que sabe mayor cantidad de versos y melodías. Une a su amplio repertorio un estilo de canto sentimental y al mismo tiempo intenso.
Eduardo Mesías. (El Mesías) Cantor brillante de hermosa y atractiva voz. Es comerciante muy querido por las canchas de la Vega y Vivaceta.
Hernán Núñez. (El Nano) Experimentado cantor. Es uno de los escasos compositores de versos de cuecas de calidad que tenemos. Famosa es su cueca La Guitarra, sus versos son solicitados por gran número de Conjuntos Folklóricos.

Vaya nuestra admiración y respeto, a los comerciantes de la Vega Central, polleros de la Estación, industriales del Matadero; en sus fiestas siempre están sonando los panderos, la guitarra, el “boca 'e caballo” (piano). Gracias a su estímulo y crítica se conserva la pureza del estilo.Este comentario pudo haberlo hecho con más propiedad el investigador Juan Uribe Echeverría, conocedor del estilo, pero el estudio más concienzudo, base de este trabajo, pertenece al investigador Fernando González Marabolí, obrero del Matadero, quien no ha escatimado ningún sacrificio por profundizar sus estudios de la cueca. A ellos, como a los cantores chileneros a quienes deseamos toda clase de venturas, Chile debe estarles agradecido.
Le dejamos pues, este “regalito” a los Conjuntos Folklóricos de Chile, para que beban de él las puras aguas de la tradición, aprendan y difundan el estilo del más auténtico cantar de la cueca.
El verdadero artista, que representa a su patria, no tiene la mente colonizada por la propaganda extranjera, no desprecia los valores nacionales y sus creaciones se inspiran en su propio pueblo, no basta autodenominarse -o que lo llamen- artista chileno, sino que hay que serlo.

Héctor Pavez.

Vocabulario.

Roto: No hay que confundir la palabra roto, con mal educado, ya que el roto personifica al criollo, culto o iletrado, pobre o rico, pero chilenazo ciento por ciento.
Lotes: Son grupos de personas del ambiente de la cueca chilenera.
Canchas o picadas: Lugares del ambiente chilenero.
Chilenero o Centrino: Músico o cantor de la llamada cueca o chilenera o centrina, que tiene su reino en los ambientes alegres de Santiago y Vaparaíso.

Nota: Este texto es la contraportada del long play: El Folklore Urbano Vol. III, “La Cueca Centrina”, del conjunto Los Chileneros, grabado el año 1967 para el sello Emi Odeón.