viernes, 20 de abril de 2007

La vieja ola: Rafael Traslaviña


Rafael Traslaviña tiene 80 años, de los cuales sesenta los ha pasado detrás del piano. De formación autodidacta -"orejero" como él dice- , su trayectoria es la característica de un músico de matriz jazzística que por razones profesionales y de formación ha tenido que derivar a toda clase de estilos: del swing a la cueca, de ahí al tango, los bailables y la música de boite; para volver a recorrer todo el camino de vuelta al jazz.
Traslaviña fue un miembro activo de las primeras generaciones del jazz chileno. Participó en las legendarias grabaciones de los "Ases Chilenos del Jazz", que se efectuaron entre 1945 y 1946 y fue un personaje habitual del club de jazz germinal que funcionaba informalmente en el Tabariz y en el cual brillaban entonces Luis Aránguiz, Ángel Valdés -"el Jack Teagarden chileno, que más encima era paco"- Mario Escobar e Iván Cazabón. De sus años dedicados al jazz le queda el recuerdo y cierta impronta en su manera de tocar. Una vez que abandonó el jazz derivó a estilos más bailables animando fiestas. Se ha convertido, como él mismo ha señalado, en el mejor pianista de cuecas y ha desarrollado un estilo singular de música de boite que registró en el álbum "Disco Boite", para el que también tocó Panchito Cabrera.

Marcelo Somarriva Q.
Fotografía: J. F. Somalo
El Mercurio, Domingo 30 de Septiembre de 2001

lunes, 2 de abril de 2007

Buenas Cuecas Centrinas, Los Centrinos. 1971

Historiología de la Cueca Centrina

La naturaleza de nuestra cueca se remonta a las viejas tradiciones culturales del Medio Oriente; y es la cueca centrina el canto gritado por los hombres, recordando los sagrados ritos de las sinagogas del Yemen y en la antigua Babilonia.
La cueca en sí es Centrina, por cuanto aventureros andaluces impregnados con la cultura árabe durante la invasión a España, se establecieron en las zonas del Aconcagua, Valparaíso y Santiago.
Su estilo melismático de canto “es como el grito que culebrea las ondas formadas por el viento en los caldeados arenales del Sahara". De allí que el canto liso y de tono bajo no corresponda a la verdadera del canto con melisma, y representa al proceso de deformación de la cueca, cuando ésta fue difundida por Chile entero.
El llevar el compás con las manos, el grito melismático, el arpa grande, el pandero, el apoyar la mano en un costado de la cara al cantar, lo trajeron a Chile los andaluces, pero todo ello corresponde a la herencia mora, puesto que se encuentra hasta en las viejas escrituras egipcias. Y como el cantar del beduino que habita en el desierto, andaba en boca del pueblo andaluz la copla, la seguidilla; por ende, el canto de la cueca brilla con el oro y la pompa oriental de la antigua Arabia.
La filosofía del canto popular pertenece al Pueblo, mestizo e indígena, cuya herencia la recibieron de los andaluces en aquellos 300 años oscuros de brutal coloniaje.
América se descubrió con naves y tripulantes andaluces. España realizó la conquista y el mestizaje a través de Andalucía. De allí que todo nuestro folklore tanto infantil como adulto, se hallen influenciados por el costubrismo Sevillano, donde además se encontraba la famosa casa de contratación que se denominaba “la Puerta de Las Indias”.
Así como España nos legó sus cantos y bailes, y el ejército de los Andes aportó el patrimonio cuyano, nuestra danza nacional fue exportada por los soldados de la escuadra libertadora al bloque Limeño, con el nombre de “chilena”.
Allí fue considerada “indecente” y le pusieron “la mona mala”, donde maquillada y siutizada recorrió los salones de América con el sintético nombre de “zamacueca”.
Nuestra cueca deformada y siutizada se cantaba en tonos bajos y lisos...

“zambita cueca peruana
quién te pudiera bailar
como te bailan las cholas
y en las alturas del mar”

La palabra vigente de Chilena o cueca “Centrina”, la fuerza salvaje con que se grita el canto, le han puesto el cuño que señala su lugar de origen. “Es tradición vernácula, tipismo nacional, tricolor del suelo patrio”.
En el Perú, su nombre de Chilena fue cambiado por el de Marinera, en honor a la marina peruana que peleaba en la guerra del Pacífico.

El Arte del Canto de la Cueca Centrina

Desde que el hombre canta, su melodía vocal pertenece a dos estilos diferentes de canto: El Silábico y el Melismático: El estilo de la cueca es el melismático; es decir, se repite la vocal para que con su ondulación el canto gritado constituya trinos y gorgoreos de melisma.
La melisma representa al sentimiento popular recóndito. Se aprecia en el “cante jondo”, donde su autor señala: “no es cántico ni canto, ES CANTE”
Del canto mismo. La cueca se canta en su forma más plena entre 4 personas. Al terminar cada estrofa que corresponde a un pie de la cueca, larga la voz arriba un nuevo cantor, el cual llevará el alto, puesto que en cada uno de los 4 pies de la cueca es una voz distinta la que predomina sobre el resto. De allí que, en todos aquellos arranques de cueca donde predomina una sola voz, y esta sea en tonos bajos y sin melismas, no se representará la esencia misma del patrimonio nacional.
Al canto que va arriba, “lo vigilan, cuidan y afirman”, una o dos segundas voces mientras una cuarta voz anima. A raíz de esto se dice que en la cueca “no hay primera sin segunda”, decir que por lo demás, la falta de conocimiento se ha tergiversado profundamente. Para producir una concordancia armónica, las segundas voces deben entrar con cierto retraso.
Respecto a las melodías, éstas son siempre más largas que los versos, por ende, se rellena con repeticiones de sílabas en el primer pie, y muletillas largas o cortas en toda la cueca. Todo ello, es influencia total de Andalucía. Es menester que la “avivada” en la cueca se adorne con floreos y piques auténticos, no con payasadas legadas por los circos que rondaron nuestros campos...

“Nitrito Nitrato
Sulfito Sulfato”

“Aserrucha Casimiro”..., corresponden a animaciones propias de los tonys, que se confunden erróneamente con los verdaderos adornos de nuestro baile y canto, el cual de no cantarse en tonos altos y melismáticos, sería cualquier cosa, menos cueca.
“Pegar el grito” es la corriente sanguínea, patrimonio folklórico legado del príncipe oriental; es el gorgoreo melodioso y fuerte de la garganta popular que atraviesa las calles santiaguinas, los cerros porteños, que atraviesa el PUEBLO.
La cueca en su canto y baile es un desafío. En el baile la pareja saca chispas del suelo; en el canto, es la lucha fiera, varonil y brava, por ver quién lo hace mejor.
Esto es, ha sido y será siempre la tradición de la Cueca Centrina, patrimonio nacional, capital de nuestro pueblo.

CONJUNTO LOS CENTRINOS

“Todo pueblo que pierde su tradición pierde también su nacionalidad”. De allí, un grito melismático de alerta para todos aquellos seudo-folkloristas, y a promover las raíces verdaderas de nuestra danza.“Exportemos cultura, que no nos inculquen modelos foráneos o neoestilos internos que socaven nuestro patrimonio”.
Esta introducción patenta al conjunto Los Centrinos, formado por personas de condición social heterogénea, pero que a través del folklore y la amistad soslayan diferencias y logran la excelsa integración.
El conjunto Los Centrinos está formado por las siguientes personas (en esta grabación intervinieron los 3 primeros cantores):
Raúl Lizama Músico por excelencia. Toca toda clase de instrumento. Une a ello una precisa voz con profundo sentimiento humilde.
Luis Araneda O. Trabajador del Matadero Municipal de Santiago, de origen humilde es tal vez la voz más sentimental más bella. Ejecuta con pasmosa pericia el pandero. Domina cientos de melodías y letras.
Luis Téllez Viera Industial marroquinero. Es un panderista de fuste. Posee una excelente voz. A ello une un amplio repertorio de letras y melodías.
Luiz Téllez Mellado Benjamín del grupo. Profesional universitario que además investiga las raíces de nuestro canto y baile. Domina un centenar de bellas melodías de cuecas centrinas.
Este conjunto, reúne a 2 ex integrantes de “Los Chileneros”. Ellos son, Raúl Lizama y Luis Araneda, cuyas sapiencias centrinas se completan con el extraordinario aporte de Luis Téllez padre, y la inquietud artística e investigadora de Luis Téllez hijo. Este último exponente, conoció al conjunto de Los Chileneros, cuando estos actuaban en la peña del Dúo Rey Silva, que funcionó por algún tiempo en Macul. Allí, interpretando cuecas y tonadas centrinas llegó a consolidar una sincera amistad con Lizama y Araneda.
Esta consolidación se concretó con el tiempo en un pilar fundamental para el progreso histórico e interpretativo de nuestra danza nacional. Por ello, hoy en día, Los Centrinos representan la expresión más amplia y genuina del canto patrio, el cual constituye nuestro patrimonio nacional.
Los Centrinos, desean manifestar públicamente sus sinceros agradecimientos al destacado investigador nacional Fernando González M. Este estudioso de la cueca, que también trabaja en el Matadero Municipal de Santiago, ha prestado una extraordinaria colaboración, sin cuyo aporte no se tendría el conocimiento auténtico de las raíces de la cueca centrina o Chilena.

Luis Téllez Mellado.

Nota: Este texto es la contraportada del long play: El Folklore Urbano Vol. VI, “Buenas Cuecas Centrinas”, del conjunto Los Centrinos, grabado el año 1971 para el sello Emi Odeón.

miércoles, 28 de marzo de 2007

La vieja ola: Eugenio Moglia


Eugenio Moglia, conocido como "el flaco Moglia", nació en 1935 en el barrio de Vivaceta. De sus padres heredó el gusto por la música y se recuerda tocando la guitarra desde muy niño. Sus primeras experiencias musicales fueron junto al conjunto "Fiesta Chilena", con quienes hizo sus primeras giras veraniegas a lo largo de Chile con el auspicio de la radio Corporación.
En los años sesenta integró junto a Alejandro González el grupo "Silvia Infantas y los Cóndores", con quienes hizo una gira de casi un año por las capitales más importantes de Europa. Entre sus recuerdos personales muestra fotos suyas y de su grupo paseando vestido de huaso por las principales capitales de Europa. En una aparece junto a Boris Karloff.
En los años setenta Eugenio Moglia integró junto a Patricio Liberona y Armando Zúñiga el grupo "Los Moros", en el cual también intervenía Jorge Yañez. Años más tarde formó en compañía de otros músicos el conjunto instrumental "Jacarandá".
Eugenio Moglia fue una figura importante de los años de mayor actividad folclórica en la capital. Cuenta que era necesario ser joven para aguantar tantos compromisos en los locales, radios y estudios de grabación. Moglia integró las orquestas del "Pollo Dorado" y la "Posada Tarapacá". Sin embargo, insiste en no quedarse con las añoranzas del pasado y prefiere dedicarse a promocionar su conjunto de guitarras "El Cuarteto Chile", que integra junto a Alejandro González, José Silva y su hijo Giordano Moglia, el único que ha heredado las dotes del padre.

Marcelo Somarriva Q.
Fotografía: J. F. Somalo
El Mercurio, Domingo 30 de Septiembre de 2001

martes, 20 de marzo de 2007

"La Cueca Centrina" de Los Chileneros. 1967


Amar al pueblo, amar al folklore y contemplarlo con mirada de poeta, es condición indispensable para todos los que trabajan en el arte del pueblo. Basándonos en este pensamiento de la coreógrafa del Conjunto de Danzas de la Unión Soviética Berioska, Naduzhda Nadezhdina, diremos que no tenemos autoridad para quitar o transformar lo único que tiene el pueblo: su música y su danza, que para nosotros tiene un arte y una belleza incomparable. Sólo el pueblo es el llamado a hacer las transformaciones, y el artista no es nada más que un intérprete de sus expresiones.
La presente grabación, la primera que se hace en su género, es un fiel reflejo de lo que decimos; a través de 18 cuecas, vamos a adentrarnos en el alma misma del pueblo, con toda su fuerza creadora.
Esta es la cueca “chilenera o centrina”, es el canto y la música del pueblo, que en Santiago y Valparaíso, enfrenta toda la avalancha de nuevos ritmos nacionales y extranjeros. Con ella el roto centrino de cuello duro, mantiene vivo el sentimiento de la chilenidad.
El origen de la cueca centrina es la transformación de la antigua zamacueca, que hicieron célebre las tres hermanas Pinilla, que llegaron, después de causar sensación en sus fondas de Petorca, a buscar escenarios más grandes a Santiago, en el año 1831, y un sitial más alto como el Parral de los Baños de Gómez de la Calle Duarte. Dice José Zapiola: Las Petorquinas realizaron en el arte una revolución más trascendental que la que ocasionaron en Italia los sabios emigrados de Constantinopla.
Su forma poética, sacada de la poesía popular española, tiene una medida fija, formada por una copla o cuarteta, que son 4 versos de 8 sílabas, luego un segundo pie, que es otra copla separada de la anterior por la pérdida de los versos, que son de 7 y 5 sílabas alternadas, el tercer pie es una cuarteta encabezada por el último verso de la segunda estrofa, con la misma medida; en estas tres cuartetas riman los versos pares, o sea, el segundo con el cuarto verso; para terminar, el cuarto pie o remate de la cueca, son dos versos de 7 y 5 sílabas que riman.
Los ripios y muletillas largas o cortas que se intercalan, pertenecen a la melodía, por lo tanto no alteran su forma poética de 14 versos. La animación que se hace dentro del canto se denominan piques y floreos, o “avivar la cueca”; casi siempre tiene un carácter eufónico, o sea, sonidos rítmicos tales como: tiqui tiqui tí, cala cala cá.
En la cueca intervienen 3 o 4 cantores. Cada cantor debe hacer primera y segunda voz. Para que la cueca no suene pareja por lo corto de la melodía que se repite 4 veces y media, se pone un cantor para cada pie. En el ambiente chilenero* o en las canchas * de la Vega, la Estación, el Matadero, el cantor entra en una fiera lucha de perfección, por quién hace mejor las cosas, quién sabe mayor cantidad de versos y más melodías, quién “saca” más entonado y alto, intenso y rítmico. Todos quieren sobresalir en los lotes* ninguno quiere ser menos que otro, y esta competencia los lleva a un mayor perfeccionamiento. Éste modo de “sacar”, melodioso e intenso, no tiene nada que ver con las lecciones y el estudio de los especialistas; la voz más completa que tenga todas las condiciones, no se compara a la tradición, que está fuera de todas las catalogaciones musicales, y el aprendizaje de la voz cultivada.
La cueca se canta gritada, como quien se para en el medio de la calle y grita para que escuchen todos: “Pego el grito en cualquier parte”, pero es un grito con melodía, un grito lleno de modulaciones. El cantor que a su turno lleva el alto o primera voz, trata de sacarle el mayor brillo posible, al pie que le tocó cantar, reflejando en la voz y el rostro toda la gracia, la malicia y la picardía de nuestro pueblo, que ve y vive el sentimiento del alma que está cantando.
Los instrumentos: Para el acompañamiento musical y rítmico de la cueca, se utiliza piano, acordeón, guitarra, batería y los 4 cantores con panderos. Todos los músicos son experimentados intérpretes chileneros, de lo contrario no pueden llevar el ritmo. En las canchas o picadas, donde reina la cueca, es suplida la falta de instrumentos, por un tarro parafinero, o una silla de madera terciada, 2 cucharas, dos platillos chicos de café y palmas.Los intérpretes de la presente grabación, son salidos del corazón del canto chilenero; son ellos.
Raúl Lizama. (El Perico) 34 años, toca piano, guitarra, acordeón, batería, pandero. Está considerado como uno de los más grandes cantores chileneros. Siendo hijo de cantores, empezó su arte desde temprana edad.
Luis Araneda. (El Baucha) Criado por la Estación Central, desde niño atraía la atención cuando tamboreando en los tapabarros de los camiones en que trabajaba, cantaba animadas cuecas. Es uno de los cantores que sabe mayor cantidad de versos y melodías. Une a su amplio repertorio un estilo de canto sentimental y al mismo tiempo intenso.
Eduardo Mesías. (El Mesías) Cantor brillante de hermosa y atractiva voz. Es comerciante muy querido por las canchas de la Vega y Vivaceta.
Hernán Núñez. (El Nano) Experimentado cantor. Es uno de los escasos compositores de versos de cuecas de calidad que tenemos. Famosa es su cueca La Guitarra, sus versos son solicitados por gran número de Conjuntos Folklóricos.

Vaya nuestra admiración y respeto, a los comerciantes de la Vega Central, polleros de la Estación, industriales del Matadero; en sus fiestas siempre están sonando los panderos, la guitarra, el “boca 'e caballo” (piano). Gracias a su estímulo y crítica se conserva la pureza del estilo.Este comentario pudo haberlo hecho con más propiedad el investigador Juan Uribe Echeverría, conocedor del estilo, pero el estudio más concienzudo, base de este trabajo, pertenece al investigador Fernando González Marabolí, obrero del Matadero, quien no ha escatimado ningún sacrificio por profundizar sus estudios de la cueca. A ellos, como a los cantores chileneros a quienes deseamos toda clase de venturas, Chile debe estarles agradecido.
Le dejamos pues, este “regalito” a los Conjuntos Folklóricos de Chile, para que beban de él las puras aguas de la tradición, aprendan y difundan el estilo del más auténtico cantar de la cueca.
El verdadero artista, que representa a su patria, no tiene la mente colonizada por la propaganda extranjera, no desprecia los valores nacionales y sus creaciones se inspiran en su propio pueblo, no basta autodenominarse -o que lo llamen- artista chileno, sino que hay que serlo.

Héctor Pavez.

Vocabulario.

Roto: No hay que confundir la palabra roto, con mal educado, ya que el roto personifica al criollo, culto o iletrado, pobre o rico, pero chilenazo ciento por ciento.
Lotes: Son grupos de personas del ambiente de la cueca chilenera.
Canchas o picadas: Lugares del ambiente chilenero.
Chilenero o Centrino: Músico o cantor de la llamada cueca o chilenera o centrina, que tiene su reino en los ambientes alegres de Santiago y Vaparaíso.

Nota: Este texto es la contraportada del long play: El Folklore Urbano Vol. III, “La Cueca Centrina”, del conjunto Los Chileneros, grabado el año 1967 para el sello Emi Odeón.