jueves, 5 de junio de 2008

Chilena


La chilena es un canto y un baile que pertenece a toda la América. Cuando llegó con los conquistadores la cueca se llamó canto a la rueda. Chilena quizás se llamó para la Independencia de los Carrera.

Nada es separable y sólo hay orden matemático en su complejo estilo, tanto en la formación geométrica como en el número exacto. Es la unidad de lo múltiple, es la totalidad y el conjunto y un organismo musical y poético. Primero la estructura unitaria de la forma escrita y después, durante su expresión verbal, al desarrollarse los 16 metros en 48 compases, sale el alma viva del cuerpo buscando el espacio infinito. Es la materia estática y el espíritu abstracto en actividad. Se entabla una lucha entre el objeto físico y la práctica del canto, o sea, cuando la expresión pone en movimiento lo inmóvil, para que se desgrane el ciclo de nuevas métricas de música y poesía, nos deja frente a un mundo único lleno de fórmulas mágicas. Es también una encrucijada donde se abarcan, se cristalizan y perpetúan todas las esencias y glorias del arte.

La chilena tiene 3 sílabas y es rueda. Chilena se tendrá que llamar a ese canto a la rueda de las fondas, que salió a la calle llamando a los mestizos a jugarse la vida por la de ellos, por la libertad de Chile. Por eso es que el tamboreo y la bulla de las fondas reviven en los días de Septiembre con los recuerdos de la Independencia. Y es así como el grito de las cortes del faraón y los califas, y el canto más difícil que tuvo la fiesta de la zambra, se transforma en himno de guerra, para combatir el coloniaje y ser la máxima expresión de un pueblo.
Fernando González Marabolí

Claro, Samuel. Chilena o cueca tradicional de acuerdo con las enseñanzas de Don Fernando González Marabolí. Ediciones Universidad Católica De Chile. Santiago, 1994.

viernes, 16 de mayo de 2008

Roto, carrilano y canalino

El roto pobre no puede ser igual que el hombre manso, porque representa la hombría de Chile y viene de una cultura que nunca arrastró ni arrastrará cadenas. Lucha sin ser mandado ni humillado por nadie, quiere ser alguien en la vida o que lo sean sus hijos, pero sin dejar de ser chileno y sin convertirse en máquina que trabaja para que otro goce. Se explota solo, sin correr por otro que está sentado, y menos por el "cutriaco" que lo desprecia. No porque lo considere que sea inferior sino porque necesita despejar la cancha. El roto no se deja arrebatar la patria.
Por eso que contra el roto apuntan todos los cañones de la máquina colonialista. Al roto y al huaso no es llegar y meterle el diente: son y serán huesos duros de roer. El roto no usa espuelas, por eso tiene en las manos las estacas del gallo, el cuchillo que se pasa de una mano a la otra. El roto anda armado y sabe manejar las armas, con ellas se ha hecho y se hace respetar como hombre, entre aventureros de cualquier raza o color. Se consideran dueños de Chile y son los pilares más firmes de la nacionalidad. Como sobrevivientes de la Independencia, son los únicos que guardan, conservan y defienden los más altos valores de la cultura propia.
La cultura árabe es una cultura oral muy fuerte, no es llegar y sacársela porque es una mentalidad despierta. Por eso dicen que el roto es despierto, desconfiado. Pero es instintivamente desconfiado del hombre culto porque se le ha eliminado, se le ha perseguido. Edwards Bello escribió un libro sobre los rotos que es contra los rotos: "roto explotador de mujeres pobres, de casas de remolienda". La palabra roto, roterío, no vale nada. También hay cuecas. Una dice:

Los rotos para la patria
ya valen menos que un perro
los pudren en los presidios
con los vicios del encierro

Roto es palabra digna y no es sinónimo de rotoso. El verdadero chileno es roto no porque ande mal vestido ni se haya botado a la degeneración, la diferencia entre el roto y el colonizado es por costumbres no por la ropa. El roto es un gallo libre, dueño de una cultura, que tiene todas las cosas tradicionales. El otro está europeizado porque entregó la bandera.
Estos son versos fuertes del auténtico roto. Éstos ya no se cantan porque los toman como una indirecta. Antes, en rueda, era como una escuela: pasaban horas escuchando estos versos:

con cuchillos de palo
los canalino
le enseñan a pararse
y a los chacrino

Otra cueca dice:
Nunca serán los rotos
pura bolina
se la juegan en Chile
y en la Argentina

Otra:
Yo no tengo más casa
que los caminos

Otra:
Formando rotos chilenos
pasaban los canalinos
ponían valiente al manso
las cuecas de los caminos

Fernando González Marabolí

Claro, Samuel. Chilena o cueca tradicional de acuerdo con las enseñanzas de Don Fernando González Marabolí. Ediciones Universidad Católica De Chile. Santiago, 1994.

miércoles, 16 de abril de 2008

Barrio de La Chimba: La puerta de la Independencia

La actual Avenida Independencia, por donde en 1817 entró triunfante el Ejército Libertador, puede ser llamada con propiedad la calle más antigua de Chile. Variante del camino del Inca y durante varios siglos el principal acceso a Santiago, fue la puerta de entrada de los conquistadores españoles. Eje vital de una zona separada de la urbe por el cauce del Mapocho que, si bien por largo tiempo mantuvo su condición segregada de la ciudad, fue a la vez un espacio de inmensa significación en su desarrollo social, político, cultural, económico y religioso.

El valor de esta avenida quedó consignado en la introducción del libro "Patrimonio arquitectónico de la comuna de Independencia", publicado por la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Chile, en conjunto con el municipio y con el patrocinio de la Corporación Patrimonio Cultural de Chile. Con la ayuda de este texto te relatamos parate de la historia de la calle Independencia.
Atravesando la amplia comarca existente al norte del rio Mapocho, los conquistadores llegaron a Santiago en diciembre de 1540. Antiguo asentamiento prehispánico, el territorio que hasta el final de la Colonia fue conocido como La Chimba, estaba poblado de caseríos indígenas y tierras de cultivo irrigadas por la acequia de Vitacura. Allí, a los pies del cerro de Huechuraba, hoy Cerro Blanco, don Pedro de Valdivia instaló su campamento previo a la fundación de la nueva ciudad, luego de haber recorrido desde el valle de Aconcagua el llamado "camino de Chile". Este antiguo camino, que corresponde a la actual Avenida Independencia, era una de las variantes del "Camino del Inca", y constituyó durante largo tiempo la principal via de comunicación entre Santiago y el norte del país.

La fundación de Santiago, desde la rivera sur del Rio Mapocho, a partir del cerro Santa Lucia, implicó que con el paso del tiempo, el área que se extendia al norte del caudal empezara a ser conocido como La Chimba, vocablo de origen quechua que significa "de la otra banda", señalando claramente la condición extramuros de arrabal. De hecho, el rígido trazado urbano no traspasó hacia la rivera norte del rio, en donde se generó un caserio espontáneo en el que se instaló parte importante de los indios dedicados a la servidumbre de la ciudad, que intentaban mantener sus tradiciones en un proceso inevitable de extinción cultural.

Con el tiempo, se fueron sumando a ellos talleres de artesanos que conformaban la mano de obra demandada por la urbe. La Chimba, con su particular ocupación , se convirtió en un espacio con una forma de vida distinta, caracterizada por el relajo de las costumbres populares y campesinas y ajena a los apuros de la emergente ciudad.

Más al norte de los ranchos ribereños los españoles se repartieron terrenos dedicados a la agricultura, para satisfacer las necesidades alimenticias de sus familias. Allí Pedro de Valdivia tenía una extensa chacra que luego fue dividida en varias parcelas. Algunos de estos predios fueron cedidos a conventos y monasterios que se asentaron en la zona aprovechando la tranquilidad y la condición de aislamiento con respecto de la urbe. El primer convento que se fundó fue la Recoleta Franciscana, en 1647 que acogió prontamente al culto de la creciente población de La Chimba. Hubo que esperar un siglo para la instalación de la Recoleta Dominica. En tanto, en 1770 se levantó el Monasterio de las Carmelitas Descalzas de San Rafael.

Avenida histórica

El camino de Chile, bautizado tras la conquista como "Cañada de la Chimba" fue más tarde, y hasta el final de la Colonia, denominado "Camino Real de la Cañadilla". Este nuevo nombre alude a su importancia como la principal via de entrada y salida a la urbe, convirtiéndose en el paso obligado de todo el comercio que provenia de Buenos Aires y de Cádiz por la cordillera, o el que iba a Lima y a Charcas por el puerto de Valparaíso. A sus orillas, desde el margen norte del Mapocho hasta las inmediaciones de Huechuraba se sucedian propiedades agrícolas originadas en la obtención de mercedes de tierra, varias de las cuales fueron destinadas a viñas. Mientras que en la parte ribereña fueron habituales los molinos que aprovechaban el agua del rio.

En 1772, con el objetivo de unir las dos riberas del rio, que sólo estaban conectadas por un puente de madera, se comenzó a construir el puente de Cal y Canto, una de las más ambiciosas obras ejecutadas hasta entonces en la urbe. Con unos pocos albañiles y 80 presidiarios se inició el levantamiento de la enorme estructura diseñada por el ingeniero militar José Antonio Birt que cambió completamente la apariencia del sector. Así, la Cañadilla, que quedó directamente comunicada con la ciudad, dejó atrás su carácter aislado. A uno y otro lado de la calzada, complementando el puente, se levantaban la quinta del Corregidor y el convento Carmelita generando un notable conjunto que engalanaba la entrada norte a la ciudad, gracias al impulso del corregidor de la ciudad, Luis Manuel de Zañartu.
Bajo la administración de Ambrosio O'Higgins, en la última década del siglo XVIII el antiguo camino adquirió la condición de calle, ordenándose la ejecución de una serie de mejoras. La mayor parte de las chacras originales se convirtieron en agradables quintas suburbanas con casas de descanso de importantes personajes coloniales. Es el caso del Obispo José Antonio Martínez de Aldunate, cuya residencia fue torpemente demolida en 1973. Por su parte, el puente de Cal y Canto también fue objeto de transformaciones, entre ellas la construcción de los quioscos en el costado poniente, convirtiéndose en un paseo de moda a pie, a caballo y e toda clase de vehículos. Era un paseo acostumbrado ir por la Cañadilla hasta el Callejón de los Olivos, que conectaba con el Camino de la Recoleta, por donde se retornaba a la ciudad.

En 1808 fue construida iglesia de Nuestra Señora del Carmen, parroquia principal de la Cañadilla, la cual fue destruida por un terremoto en 1822. El actual templo fue levantado en 1890.

Al finalizar la Colonia, La Cañadilla ha sido escenario de parte importante de la historia de la ciudad. Desde la entrada de los conquistadores españoles, en 1540, han pasado por ella viajeros y carretas cargadas de productos agricolas de las chacras destinadas a abastecer la ciudad, y se han amontonado multitudes dando el recibimiento a algún gobernador. Sin embargo, el período de mayor agitación en el antiguo Camino Real, es el de los turbulentos años finales del régimen colonial: Por la Cañadilla los patriotas abandonaron la ciudad con destino a Mendoza tras el desastre de Rancagua, en 1814. Por la misma via, en 1817, el ejército libertador retornó triunfante tras las victorias de Coimas y Chacabuco, marcando un hito glorioso en la historia de esta tradicional via de acceso a la ciudad. A ello se debe su actual nombre de Avenida Independencia, el que adquiere al iniciarse el siglo XX.

En el gobierno de Bernardo O'Higgins se creo en el sector de La Chimba el Cementerio General, que fue inaugurado en 1821, y en donde fueron enterrados la gran mayoria de los personajes claves en la construcción de la nueva República. Con la instauración de la República, sin embargo. la Chimba no modificó mayormente su singular carácter de sector separado de la ciudad, con respecto a la cual mantenía incluso un cierto sentimiento separatista. Son ilustrativos en este sentido los relatos sobre las guerras de piedras entre chimberos y santiaguinos, que utilizaban el cauce del Mapocho como campo de batalla, contando con gran número de espectadores. Es recién con Vicuña Mackenna, intendente de Santiago entre 1872 y 1875, que se concibe la pertenencia integrada del sector ultramapocho al conjunto de la ciudad tradicional.

http://www.nuestro.cl/
Septiembre 2003

lunes, 24 de marzo de 2008

La cueca y su origen

La cueca, conocida también como chilena o marinera en otros países de América, es una danza de raigambre arábigo-andaluza.
Benjamín Vicuña Mackenna postulaba que la palabra originaria fue Zambaclueca, adjudicándole así una raíz africana mezclada con elementos criollos, donde la palabra “zamba” significa baile en el idioma africano Bantú, y “clueca”, la fase cuando la gallina deja de poner huevos y busca donde empollar. En su diagnóstico, y basándose en apuntes escritos por Jullien Mellet en 1823, señala que el origen del baile y música se refiere al Lariate, danza que había sido advertida en el Caribe y que fue introducida por los africanos en la zona de alojamiento en su viaje a Perú, es decir, en la zona de Quillota y El Almendral.
Carlos Vega, referente en el estudio de la cueca, postulaba que ésta provenía de la zamacueca, baile peruano derivado de la zamba, de influencia africana y criolla, y que había llegado a Chile en el siglo XIX, precisamente hacia el año 1824, adquiriendo características propias. Luego este mismo baile habría vuelto al Perú desde aproximadamente 1860, donde sería conocido como cueca chilena o, simplemente, chilena, término que se abolió luego de la Guerra del Pacífico para ser llamada “marinera”. También se expandió hacia los demás países vecinos: Bolivia y Argentina. A mediados del siglo XIX, la cueca ya era conocida en gran parte del territorio nacional con características propias y melodías originales, siendo interpretada y bailada tanto en aristocráticos salones como en populares centros de reunión.
Respecto al nombre, Carlos Vega ha postulado que el término zamacueca viene de los vocablos “zambala”, que identifica a la mujer mestiza mezcla de negro e indígena, y “clueca”, referido a la fase de la gallina anteriormente precisada. Por otra parte Fernando González Marabolí, cuequero, y Samuel Claro, musicólogo, en vista de la conclusión que la cueca es una versión mestiza americana de la canción popular de la zambra arábigo-andaluza, la misma conclusión de Pedro Humberto Allende, y que arribó a América en el período de la conquista, postulan que el término es “zambraclueca”, proveniente de la fiesta morisca conocida como “zambra”, y con la misma acepción respecto a “clueca”.

http://www.memoriachilena.cl/

lunes, 29 de octubre de 2007

Del aula magna al matadero


Entrevista a Carmen Peña, coinvestigadora del libro Chilena o cueca tradicional.

La musicóloga Carmen Peña, colaboradora del investigador Samuel Claro Valdés en su obra "Chilena o cueca tradicional", describe la historia de este libro fundacional en la comprensión de este género como una manifestación cultural y artística de alto nivel y complejidad. Una obra que surge de la fructífera unión entre un académico y un ex matarife, eminencia autodidacta del mundo popular.
Desde el año 83 la musicóloga Carmen Peña trabajó junto al investigador Samuel Claro Valdés en distintos proyectos en la Universidad Católica, donde también compartía con él el curso de Historia de la Música. Por entonces, Claro ya venía trabajando en el tema de la cueca, teniendo como fuente e interlocutor fundamental a don Fernando González Maraboli, ex matarife, hijo y nieto de poetas y cuequeros, quien en forma autodidacta había desarrollado una extensa y profunda investigación sobre la cueca, desde una diversidad de enfoques y disciplinas, que continúa hasta hoy. "La fuente es Fernando González y don Samuel es el traductor", señala Carmen.

- ¿Cómo se produce el encuentro entre Claro y González?
- Don Fernando llegó un día a ver a Don Samuel y le dijo "Yo creo que usted y yo tenemos que conversar. Usted viene del mundo académico y yo vengo del mundo popular, pero yo creo que con usted puedo entenderme". Don Samuel comenzó a reunirse con él, a conversar, a trabajar durante mucho tiempo. Fue un libro que se hizo de a poco, hubo varios artículos preliminares que antecedieron al libro propiamente tal. Fue una empresa en la que Claro trabajó con pasión durante más de 10 años. Este libro aportó una visión nueva…

- ¿Cómo es que un hombre sin ninguna formación que trabajó como matarife puede llegar a conformar un cuerpo teórico tan importante, como para ser la fuente principal de la que se considera la biblia de la cueca en el mundo académico?
- Es algo increíble, él se dedicó a estudiar e investigar en forma autodidacta y en su casa había montañas de medio metro de apuntes escritos por él, además de los miles de libros que tenía y que consultaba y subrayaba. Iba a la Biblioteca Nacional y se leía todo. Por supuesto, don Samuel también le prestaba libros. Es una persona que se ha instruido mucho y que, hasta el día de hoy sigue buscando relaciones, datos, explicaciones. Es un ser excepcional… Ha leído mucho. A nosotros nos decía los libros que teníamos que leer.

- ¿No se achicaba ante la autoridad académica?
- Para nada. Uno es el que se siente muy ignorante, porque no manejas el lenguaje…

- ¿Cuál fue la mayor revelación que González significó para Claro?
- Considerar la cueca más que un baile, como un arte que encierra muchos conceptos, en el que tú puedes ver la música y la poesía, pero además una serie de valores y tradiciones, que tienen que ver con la forma de enseñarla, con la manera de aprenderla (que no es lo mismo), con una medida de tiempo, con comprender esa medida, con una serie de rituales, desafíos y maneras de comunicarse. Es una cosmovisión. Va mucho más allá de lo funcional, entretenido.

- ¿Cómo era la forma de trabajo?
- Se hacían entrevistas, o don Fernando escribía sus ideas y nuestro trabajo, hecho por un equipo, era sistematizarlas y ponerlas en contexto. Revisábamos el material y la bibliografía y escribíamos. También discrepamos y aclaramos muchos conceptos. El habla de muchas cosas: de los orígenes, de los significados que encierra la cueca como un arte mayor.

- ¿Fue para Claro un desafío penetrar en ese mundo de los bajos fondos?
- De hecho cuando González nos hablaba nosotros no entendíamos, por eso el libro tiene un glosario de términos. Es otro idioma. Otros códigos.

- Y otra forma de ver la vida, que no tiene mucho que ver con la mentalidad del chileno medio, sino con esa actitud luchadora ante la vida… un poco lo que tienen los gitanos y el flamenco.
- Claro, es un medio en el que se necesita mucha garra para sobrevivir y la cueca, en este sentido es muy vital, muy vigorosa. Eso motivó mucho a don Samuel, poder transmitir esta experiencia. Pasa que predomina la visión de la cueca de conjunto folclórico, que se escucha en la radio o se ve en un escenario. Esta cueca es otra cosa. Está inserta en una forma de vida, la forma del canto, las letras, son manifestaciones de una forma de existencia. Es una cueca que está viva pero no en los escenarios, sino que en otros lugares, donde la gente sí la cultiva y la tiene incorporada a su cotidiano. Y quiere mostrarla, pero no encuentra los espacios. Y la cueca habla también de esa lucha.

- ¿Sientes que los están encontrando?
- Bueno, ahora los cuequeros tienen un portal en Internet, eso hace 10 años era impensable. Es bonito que, con o sin la influencia del libro, esto esté aflorando.
- ¿Cómo ves la integración de los cultores y el saber popular en el mundo académico… crees que se abren más espacios?
- Creo que al mundo académico le hace muy bien mirar desde otras categorías y perspectivas, recurrir a otras fuentes que no son sólo las escritas. Hay una sabiduría oral que no se comprueba con la nota a pie de página. Pero creo que la academia está comprendiendo el valor de esta información.

- ¿Crees que este tipo de estudios están siendo valorados y que se está dando a expresiones como la cueca el estatus de patrimonio cultural que les corresponde?
- La cueca no necesita ningún estatus, lo tiene. Que la mayoría no sepa eso es otro tema. La cueca es y tiene un mundo. Del mismo modo que la filosofía tiene su estatus en su mundo, el de la gente que lee filosofía. Lo interesante es que sí pueda llegar a más gente. Eso es bueno, para que no sea un mundo tan hermético.

sábado, 13 de octubre de 2007

Tributo a Fernando González Marabolí (1927 - 2006)

La cueca ha sido zapateo, guitarras y ruedas de cantores, pero también la teoría de una expresión cultural que quizás nadie en Chile investigó con el rigor y afecto de Fernando González Marabolí, un hombre al que al ambiente cuequero nunca dejó de llamar “maestro” y que falleció el pasado sábado 23 de septiembre, a los 79 años de edad.
El aporte de González Marabolí a la difusión y teoría de la cueca es probablemente inabarcable, pero dejó en un libro sus señas más conocidas: Chilena o cueca tradicional es la investigación que en 1994 publicó el musicólogo Samuel Claro Valdés, y que hasta hoy es considerada la principal edición escrita sobre el género. Su subtítulo incluye la advertencia: "de acuerdo a las enseñanzas de don Fernando González Marabolí", y recupera lecciones sobre las técnicas vocales, instrumentales y de interpretación que caracterizan a la cueca. Citamos a continuación un extracto:
"El cantor tradicional vive sólo para la cueca, ya que interpreta con responsabilidad, tal vez sin temor de equivocarse, el arte más serio y delicado en el cantar de América. Cuando la gente escucha a los verdaderos cantores, dicen los que no saben que 'tiene voz natural', y en verdad que tienen toda la razón, pero la naturalidad que la rige pertenece a un científico adiestramiento de la voz. No es llegar y cantar a la que te criastes, sino que que equivale a decir que imita las leyes que rigen el universo y a la naturaleza, por eso es que se guía por leyes naturales. Pero todo lo que brilla no es oro: el estilo no se aprende de la noche a la mañana y sin el consejo de los viejos cantores. Están constantemente ensayando, nunca están conformes ni con ellos mismos, porque todo lo árabe es una lucha hasta con uno, tarareando las melodías con recovecos de sube y baja, hasta que forman un cachañeo gorgoreado en la voz gritada. Son años de aprendizaje, de pulimiento y conocimiento, de pasar metidos en los 'lotes', para impregnarse, contagiarse y meterse hasta en la sangre el ritmo cuequero. Es en los 'lotes' donde se aprende a cantar y a bailar mirando, donde se memoriza el vasto repertorio de de versos y melodías, porque nada está escrito. Este modo de canto nace de casi vivir en la teoría y en la práctica, y es también donde se aprende toda la gimnasia vocal que se hace para sacar la voz gritada y entonada".
Fernando González Marabolí había nacido en Santiago en 1927, y creció entre poetas y cantores de cueca del puerto de Valparaíso. La cueca era una presencia viva en su familia, y a ella se fue apegando sin ninguna instrucción formal, pues todo su conocimiento fue fruto de la experiencia y el autodidactismo. La vida se la ganó como matarife. Su capacidad de relacionar el folclor chileno a disciplinas tales como la filosofía, la historia universal, las culturas vernáculas y hasta la astronomía fue, siempre, sorprendente.
Junto a Nano Nuñez, recibió en mayo del año pasado el Premio a la Cueca Chilena Samuel Claro Valdés, de parte de la Corporación de Patrimonio Cultural de Chile y la Universidad Católica. Poco antes, varios cuequeros le habían rendido un homenaje como “leyenda de la cueca”, en una cena bailable que hacia noviembre del 2004 reunió en un restaurante de calle San Diego a Los Afuerinos, María Esther Zamora, Mario Rojas, Los Porfiados de la Cueca, Los Tricolores, Los Chinganeros y Daniel Muñoz, entre otros.
Su aporte al inicio del grupo Los Chileneros fue fundamental, tal como lo recuerda en estos días Luis Baucha Araneda a la luz de su fallecimiento:
“Él nos regaló casi todas las cuecas que nosotros grabamos en nuestro primer disco (La cueca centrina, 1967). Salimos nosotros como autores, porque a él no le intresaba figurar, no era interesado para nada en la plata. Entonces nunca las registró. Le gustaba ayudar a otros. Él buscó por todas partes para que nosotros grabáramos. Se juntó con Héctor Pavez, con don Rubén Nouzeilles [entonces director artístico de Emi-Odeón]. Fue quien más hizo para que nosotros grabáramos”.
Con el Baucha, González Marabolí compartió su oficio de matarife. Pero incluso ahí era un sujeto excepcional, recuerda el cantor: “Era un hombre muy educado. Leía mucho. Salíamos a tomar once, íbamos a las piscinas de Peñaflor, de Maipú. Las conversaciones que yo tenía con él eran diferentes a las que yo tenía con cualquier otra persona”.

www.musicapopular.cl
26 de Septiembre del 2006

viernes, 28 de septiembre de 2007

“Hay intereses creados que le cierran el paso a la cueca”

Una de las cosas buenas que hace septiembre – a parte de despertar la primavera y avivar el rescoldo de la tradición – es sacudirle el polvo a la cueca, aunque ya sea un pálido reflejo de lo que fue en sus orígenes típicamente arábigos, cuando la bailaban los beduinos del desierto, muchísimo antes de que fueran construidas las pirámides de Egipto, tema que ha estudiado durante treinta años el ex matarife Fernando González Marabolí y cualquiera que lo escuche relacionando la cueca con la armoniosa geometría de nuestro sistema planetario y la absoluta concordancia entre el hombre y la naturaleza podría pensar que algo se le estaría aflojando a la altura de los parietales y entonces se equivocaría medio a medio, porque al hombre lo han escuchado disertar en la Universidad de Chile y el musicólogo Samuel Claro, vicerrector de la Universidad Católica, le dedicó con admiración y afecto un trabajo suyo sobre la cueca publicado en el Anuario Musical de Barcelona, de modo que un poquito más respeto por la cueca legítima y por Fernando González, uno de sus escasos pero incondicionales defensores, como se podrá apreciar en el curso de la siguiente conversación.

- ¿Usted tiene algún conocimiento sobre este tema?
- No más que lo que podría saber cualquier persona…
- Le pregunto, porque si no está bien a caballo en el asunto capaz que no me entienda lo que voy a decirle.
- Trataré de entender, no se preocupe.
- En primer lugar, la cueca es una obra de arte, un documento lleno de sabiduría y perfección métrica. Su música no tiene más que siete sonidos y todo lo demás, en total 48 compases, corresponde al desarrollo, porque todo se repite y por eso los árabes la llamaban “canto a la daría”, que significa canto a la rueda y todo lo que rueda no tiene fin, sólo vuelve a empezar. Los beduinos concibieron la música de la cueca basándose en el sistema planetario, que también tiene un sonido redondo, así como cuando usted hace sonar una cuerda de la guitarra y ese sonido golpea a las otras cuerdas y las hace vibrar y el sonido sale a rodar y, como le digo, todo es rueda en el universo y en la naturaleza: los astros hacen rueda al girar, el gallo corteja a la gallina haciéndole la rueda, y la mayoría de las frutas tiene forma redonda. Todo es rueda y todo se repite: el día, la noche, los meses, la primavera, el invierno; todo es ruedas y medialunas, como el ojo y los párpados y hasta el hombre nace de una rueda.
- Los beduinos entendían eso muy claramente. En la soledad del desierto, observando los astros, percibieron sus órbitas repitiéndose constantemente y comprendieron que la naturaleza repercutía dentro de ellos mismos en su métrica de sonidos y movimientos. Y entonces idearon el canto a la rueda, que era la forma más perfecta de expresar ritualmente lo que sentían, mediante el canto, la poesía y la danza; y la forma, además de conservar la sabiduría del desierto, que en muchos aspectos es hermética y secreta. No olvide que toda la filosofía está inspirada en los escritos árabes. Usted puede entender que no es casual que la cueca tenga cuatro partes como los cuatro puntos cardinales (dos estrofas, la copla y la seguiriya); que tengan que cantarla cuatro cantores y que se baile haciendo cuatro círculos que se repiten igual como se repiten las cuatro estaciones; pero ¿sabe por qué la cueca tiene cuatro pies?
- Francamente, no.
- Porque es una cosa viva y para moverse necesita cuatro patas.
- Entiendo.
- Además, la cueca auténtica tiene que ser cantada como la cantaban sus creadores, con una parte de la melodía hacia arriba y la otra hacia abajo; hacia arriba la voz indica fuerza, señala la vida, el esfuerzo; la muerte es hacia abajo, hacia la tierra. Además, el cantor no toca la guitarra, sino que se acompaña de puro pandero.
- ¿Entonces las cuecas que se escuchan ahora no tienen nada que ver con la tradición verídica?
- Yo diría que sólo se salvan las cuecas de Mario Catalan, que están bien hechas, pero mal interpretadas. ¡No sé cómo la gente puede bailar cuecas que son verdaderos mamarrachos, incluso algunas que hacen mofa de la tradición y que terminarán por destruir un aspecto muy importante de nuestra cultura.
- ¿Y cómo cree que reaccionaría la gente si tuviera la oportunidad de escuchar la verdadera cueca?
- Bailarían sin parar, porque la métrica de los sonidos que representan a la naturaleza están dentro de uno mismo y nosotros somos naturaleza.
- Si es así, ¿por qué la buena cueca no tiene difusión?
- Porque no puede defenderse de los ritmos importados. Hay intereses creados que le cierran el paso a la cueca. El único medio que ha publicado cosas a favor de la cueca ha sido El Mercurio. Desgraciadamente casi todos los buenos cantores ya se han muerto y lo que quedan se pueden contar con los dedos de una mano.
- Sé que usted es de los buenos…
- Eso era antes, cuando andábamos de farra. Ahora tengo 58 años y solamente canto en la intimidad, especialmente cuecas mías. Tengo muchas, incluyendo una que le hice a la María Ojos Verdes, gran cantora que ahora está en Argentina, y otra a la “Lolo” Dolores Muñoz, que fue la más grande de todas y que unos dicen que está muerta y otros que vive en Valparaíso.
- ¿Se acuerda de alguna de sus cuecas?
- Anote una que le viene como anillo al dedo a lo que hemos conversado. Dice así:
- “Con permiso, soy la cueca,/ reina de todos los cantos,/ y me tienen despojada,/ de los mejores encantos.
- “Yo soy la cueca patria,/ la más joyante, /y el que no me conoce,/ que no me cante.
- “Que no me cante sí,/ soy geometría,/ la fórmula del arte,/ y astronomía.“Del templo de la ciencia,/ soy la eminencia”.

Las Ultimas Noticias, Septiembre de 1985.

jueves, 20 de septiembre de 2007

El volcán y la cueca

En algún momento secuestraron la cueca. De lo que era volcánico, una hosca y fría montaña con centro de fuego, quedó la pura cáscara desnuda. El misterio sensual, medio andaluz y árabe, desapareció. Por suerte, ahora nos dimos cuenta.
Aunque Yves de la Goublaye de Menerval es francés, tan francés como su nombre, vive en Bolivia. Gran parte de su vida ha transcurrido en ese país y, como funcionario de la UNESCO hasta su reciente jubilación, conoce la cultura boliviana como pocos. Es más, fue quien estuvo tras la nominación de los bailes de Oruro como Patrimonio de la Humanidad.
Dueño de una memoria excepcional, hay que aprovecharlo, pero está aquí en Chile muy de paso porque tiene un hijo en una universidad local. Por supuesto, el tema de las danzas sale en la conversación. Es muy diplomático pero de alguna manera deja traslucir que el trabajo del BAFONA chileno le incomoda; deja ver que sus danzas pascuences le parecen una creación, un invento, "una caricatura", que no son danzas "tradicionales". Y, por supuesto, tampoco las diabladas nortinas... Lo único que le parece valioso, original, de interés internacional, es la cueca.
No es un fanático. Reconoce que en el norte de Chile hay grupos étnicos de origen altiplánico, incluso habitantes del altiplano que tienen todo el derecho de continuar con sus tradiciones, pero le molesta la modificación chilenizante de ellas. Falta investigación, dice. Comenta que son dos los países en América Latina que peor tratan su patrimonio, Costa Rica y Chile. Curiosamente, y en esto no hay casualidades, los dos tienen un alto nivel educacional "internacional".
Bueno, pensemos un poco en esa cueca de la que podemos hablar sin conflictos internacionales. De la Goublaye es el vicepresidente mundial de las asociaciones genealogistas del mundo y, por supuesto, el tema étnico le fascina.
Creo que hay dos modelos cuando hablamos de danzas, los de países donde hay fiestas y los de países que se expresan en la orgía. En los primeros la fiesta está siempre presente, el baile es cotidiano, el cuerpo se vive y se goza, la escultura también es abundante y sensual: como en la India, Italia y Colombia.
Los de la orgía son países más duros, de geografías más complejas. Hay más rigor, más cálculo, más esfuerzo por vivir; el baile no es tan frecuente y se necesita de la orgía para que se liberen las energías y se desaten las pasiones. La cultura tradicional chilena, la del Valle Central, la veo como una síntesis.
Por un lado tuvimos la dura vertiente castellana, áspera y recia, la del pueblo que inventó España e impuso su lengua en toda una variada península. El mismo signo tenían los de Extremadura, forjado en su larguísima guerra contra los árabes. Y también aquí las etnias picunche y mapuche, duras y resistentes, pero también orgiásticas a la hora de soltarse en eventos ocasionales que duraban varios días con abundante comida y bebidas. Si sólo fueran esas nuestras etnias constitutivas, tendríamos una identidad clara y específica.
Pero no hay que olvidar la andaluza. Y ésa es distinta. Es tan fundamental en nuestro origen, que cuando Luis Thayer Ojeda hizo su estudio del origen de los españoles llegados a Chile, le dio el primer lugar con el 20.5%. El andaluz no necesita de orgías; alegre y sociable, sensual y gozador, es de los que vive en fiesta. Es una etnia muy interesante, además, porque sus mismas características lo fueron alejando de la elite gobernante - dura y controladora - para expandirse y fusionarse con abundancia en el medio más popular. Se "chilenizó" con más rapidez.
Como se sabe, el sur de España tuvo a los árabes por casi ocho siglos, por lo que este influjo es muy determinante. Granada, Córdoba y Málaga nos hermanan con el árabe, lo árabe que es factor clave en el modo de ser andaluz.
La cueca original tuvo esa síntesis, entre la fiesta y la orgía, entre el control y el desate. Detrás de la estricta coreografía se colaba el espacio de la creación individual, detrás de los pasos medidos había un avance real sobre la mujer deseada, detrás del pañuelo pudoroso emergía una mirada femenina incitante; como la de una musulmana que, cubierta de pies a cabeza, salvo los ojos, aprendió a decirlo todo en una sola mirada.La cultura oficial, castellana, secuestró la cueca. La hizo fija, difícil, de reglamento. La despojó así de su esencia mestiza y dejó de satisfacernos en ese mismo momento. Se volvió europea, culta, previsible. Un rito reiterado. Ni baile de fiesta ni portal a la orgía.
La estamos recuperando, ahora, y no es casualidad. Es una buena noticia porque significa que estamos recuperando el equilibrio; no somos de la fiesta cotidiana, como en Brasil o Colombia, ni somos francamente orgiásticos. Somos mestizos. A veces nos desesperamos y queremos estar claramente en un extremo, pero es negar nuestra historia, nuestro origen étnico, nuestra identidad.
La cueca original tuvo esa riqueza única y propia. Por eso la celebra el experto francés, De la Goublaye. En ella se lee un modo de estar en el mundo, y no es casualidad que Gabriela Mistral escogiera para nosotros el símbolo del volcán. Somos una montaña hosca, fuerte, de cabeza fría de nieve y hielos, que contiene ardiente fuego en su interior. Un hombre que gira como si bailara solo, pero que no pierde de vista a la mujer que desea; una mujer altiva, casi indiferente, pero capaz de pasar a la acción - ojos incendiarios - cuando así lo desea.